25 sept. 2011

Relato: Ido con el viento

Hola mis queridos besucones ;) una amiga Withney me pidió de favor que leyera su relato y votara por ella para ganar un concurso xD Obviamente lo leí y quede encantada, toda esa desesperación y opresión en el pecho la sientes al leer este relato, se los dejo para que ustedes lo lean, y si les encantó tanto como a mí, voten en este blog que en la parte izquierda esta una 'encuesta' y es el #2, que tiene por nombre:

Ido con el viento

Miró una última vez su retrato sobre el estante. Estudió sus rasgos perfectos, sus labios rojos; aquellos ojos soñadores que la contemplaron por horas y esa sonrisa pícara que le robaba el aliento. Meneó la cabeza y se concentró en la hoja en blanco que sostenía frente a ella. Deseó poder pasmar allí todo lo que sentía, cargarla con esa frustración y ese dolor que cargaba desde hace días, semanas y y meses.

Sin embargo, no podia hacerlo. No existían palabras, trazos o símbolos lo suficientemente profundos para describir lo que ella sentía. Para saciar la sed que sentía y el hambre que la devoraba. Para cubrir el vacío en el lado izquierdo de su pecho, que había transformado el latido de su corazón en un simple goteo.

Suspiró, al mismo tiempo que escuchó la puerta crujir. Se volvió lentamente hacia ella, encontrándose con su figura. Su sorpresa fue inmediata, pero no dejó que él lo notara. Se puso de pie, luciéndo desafiante y con el filo de una espada dijo:

-¿Qué haces aquí?
-Hola- saludó él con aquella voz profunda que ella tanto había deseado escuchar.
-¿Qué haces aquí?- volvió a repetir.
-Pensé en pasar a saludar…

Ella soltó una carcajada; la amargura escrita en ella. Sus ojos se llenaron rápidamente de lágrimas. El suspiró, tratando de calmar el dolor que le causaba verla de esa forma, tan pálida, tan… muerta.

-Ya no tienes nada que hacer aquí- dijo ella con rudeza.
-Yo...
-Nada- aquella palabra resonó por toda la habitación.- Quiero que te vayas...
-Tú sabes que no…
-Claro que si. Te detesto y no quiero volver a verte.
-¿Qué he hecho para merecer tu odio?

Volvió a soltar una carcajada, más fuerte y amarga que la anterior. Se le encogió el pecho al recordar todo lo que había sufrido y de pronto sólo lo quiso lejos de allí.

-¡Vete!- su orden sonó más a una súplica- ¡Vete, tú me dejaste!
-¡Tú me echaste!- dio un par de pasos hacia delante, tan exaltado como ella.
-¡Sabes muy bien que tenía que hacerlo!
-Claro- rió para sus adentros- “Tenías que hacerlo” Tú forma de vida es más importante, ¿Cierto?
-Vete- volvió a suplicar ella- Vete por favor…




El bajó la mirada y se mordió el labio. Respiró hondo y se internó en aquellas bellas memorias que tenía junto a ella. ¿Dónde habían quedado las sonrisas, los abrazos? ¿Las promesas de amor eterno, el amor en si…?

Un suspiro de su parte le brindó la respuesta. Dio un par de zancadas hacia ella y se permitió aspirar su dulce aroma una vez más.

-No voy a volver a molestarte- le juró, llevándose la mano a la chaqueta y sacó de allí una pequeña llave color dorado.

Aquel pequeño objeto le trajo a ella varios recuerdos. Aquella hermosa tarde de verano, sentados en la arena y observando como el sol decidía rendirse ante la noche y caía majestuosamente frente a ellos. Esa tarde, cuando el mundo podía desvanecerse y aún así todo estaría bien…

“- Tómala- le había dicho antes de besarlo- Es la llave de mi corazón”.

-Ya no la necesito- su voz profunda y sin ningún rastro de alegría la trajo de vuelta a la realidad- No volveré a intentar entrar.

Ella abrió la boca, el detuvo sus palabras con un beso. Sus piernas se doblaron, el la sostuvo. Por un momento, casi se sintió como antes, como si nada de esto hubiera pasado. Como si sólo existieran ella y él, nada de lo que ocurría en el mundo los pudiera separar. Como si la barrera entre lo posible y lo imposible no les afectara. Como si lo único que importara fuera el amor que se tenían…

Que se tuvieron.

-Nos vemos en el infierno pequeña - le dedicó una sonrisa a medias llena de melancolía a causa de los recuerdos.

Entonces, él se marchó tan rápido como vino, y procuró no volver atrás. Ella se quedó allí, plantada en el suelo de madera, con una mano colocada tontamente sobre sus labios.

Sostuvo la llave entre sus dedos y la lanzó con fuerza al suelo. Tomó su fotografía en el estante e hizo lo mismo; los trozos de vidrio roto saltaron por todo el lugar, mientras la sonrisa de aquel que había amado no se borraba y sus ojos aún la miraban.

Cayó de rodillas con un sollozo y dejó que el amargo veneno del adiós corriera por sus mejillas. Maldijo el momento en el que se entregó por completo y el momento en que dejó de ser suya. El momento en el que su mundo se desvaneció y en el que debió construirlo de nuevo. El momento en el que sólo podía sonreír y el momento en el que no dejó de llorar, y maldijo también aquellos cálidos sentimientos, que ahora no eran más que escarcha.

¿Dónde estaban las caricias? ¿Dónde estaba su amor? ¿Dónde estaba aquel sentimiento imposible y el calor de su pecho? ¿Dónde estaban esas noches de pasión y esos momentos bajo la luz de la Luna? ¿Dónde estaba su historia de amor, en el que la princesa finalmente se vio rescatada por un hermoso príncipe?

Una última lágrima descendió su mejilla mientras encontraba en un suspiro la respuesta a sus preguntas…

Se habían ido. Todo , se había ido con el viento.

FIN

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