3 ago. 2011

El capítulo de Adrian en Bloodlines

 Adrian Ivashkov no estaba teniendo un buen  21 cumpleaños. Llegar a la edad legal para beber no era ninguna sorpresa para él, ya que el había estado tomando alcohol de la cabineta de licor de sus padres desde que tenía trece. No hace mucho, esconderse no era necesario. Encanto y posición podían hacer qué pudiese obtener una bebida en cualquier bar - ya sea vampírico o humano. Eso ciertamente había resultado ser verdad anoche, a juzgar por la resaca que él tenía hoy. Ayer también tuvo una. Y el día anterior igual, Adrian estaba seguro que había estado en una dieta líquida estas últimas semanas. Se estaba poniendo difícil decir donde terminaba una resaca y empezaba otra.

Parte de la 'dieta líquida' era la sangre, por supuesto. Él necesitaba de esto para una supervivencia normal, y de hecho, esto ayudaba con las resacas. Bueno, algo parecido. Saliendo ahora del vecindario de sus padres, él hizo una mueca de dolor mientras el último rayo del sol poniéndose, golpearon sus demasiados ojos sensitivos, inmediatamente apareciendo un dolor de cabeza en la parte trasera de su cráneo. ¿Qué hora era? ¿Siete? ¿Ocho? La hora que sea, él se había quedado dormido hasta tarde, lo cual estaba bien para él. La luz se iría muy pronto, y habría pocas personas en los feeders. Adrian había dejado de preocuparse por lo que otros pensaban de él, pero eso no significaba que quería afrontar las miradas combinadas de desprecio y pena recibidas en estos últimos días.

Levantándose tarde también significaba que no tendría que ver a sus padres antes de que se marcharan. De todas maneras, el tenía poco interés en hablar con ellos la mayoría de veces  - particularmente con su padre - y ciertamente no en el día en el que su madre estaba siendo sentenciada por perjurio y robo. No es que Adrian estuviera muy preocupado por ella. La señora Daniella Ivashkov no vería el lado de la cárcel. Ella estaría bien, talvez tendría que hacer algun servicio comunitario. Su posición la protegería de cualquier cosa más que eso, y en verdad, con el asesinato y otros incumplimientos de leyes alrededor, sus crímenes eran lo último de las preocupaciones de otros.

Mientras caminaba por el grande y hermosamente trabajado cesped que comprendía el corazón de la Corte Real de los Moroi, Adrian no pudo evitar preguntarse si su madre aún recordaría que era su cumpleaños. Ella usualmente lo hacía (ser muy meticulosa acerca de escribir fechas importantes en su libro de citas) y muy generosamente le diría que 'escoja algo bonito' para él. Luego ella siempre le haría recordar a su padre, quien le daría una seca felicitación a Adrian, seguido de una lectura de como él debería de pensar lo que iba a ser con su vida.

La tía Tatiana nunca le había lecturado. Ella recordaba su cumpleaños todos los días, sin ningún acto rápido, y siempre le daba una regalo comprado a mano. Como reina de los Moroi, ella nunca había comprado los regalos personalmente, claro, pero siempre le daba a sus sirvientes instrucciones específicas de lo que quería regalarle a él. Sus regalos siempre fueron extravagantes y bonitos con poco uso. "Justo como tú," ella una vez le había bromeado. El año pasado le había dado un prendedor decorado de rubí. Recordando ese día, Adrian frunció el ceño y se preguntó donde estaba el prendedor ahora. Él nunca esperaba ponérselos y había sido descuidado. Pero entocnes él no pensó que ella moriría.

Los encontraría después, decidió. Después de que obtuviera sangre de los alimentadores. Y después de beber, por supuesto. El no podía empezar su cumpleaños sin una bebida, y además, el le debía un brindis a la única persona quien, si siguiera viva, hubiera sabido que era un día especial.

"Feliz cumpleaños."

Adrian se detuvo repentinamente. Las palabras fueron suaves y delicadas, habladas con inseguridad, pero fácilmente oibles por oidos vampíricos. Lentamente, se dió la vuelta y encontró a Jill Mastrano de pie tímidamente ante él. Ella era alta para su edad - quince años, si recordaba correctamente - y mantenía su largo cuerpo con una gracia incierta que la hacía enérgica y muy alta. Su cabello era una cantidad de largos, marrón oscuro, rizos, y sus ojos, observandólos  a él nerviosamente, eran de un brillante color verde.

"Pequeña Jill," dijo él, poniendo una sonrisa que le venía natural, sin importar cuan irritado se sintiera o cuanto le doliera su cabeza. Avanzó hasta ella, movíendose dentro de la sombra de un árbol de manzanas que bloqueaba la mayoría del cielo occidental. "¿A quién le estás hablando?"

"A ti," dijo ella. Una pequeña sonrisa llegó a su rostro, y un poco de su timidez desapareció. "No lo escondas. Se que día es."

"¿Qué te hace tan segura? ¿Me veo más viejo? Esa es una cosa cruel, cruel de decir. Lo siguiente que me dirás será que me estoy volviendo canoso. Eres una rompe corazones, Mastrano. Una verdadera rompe corazones."

Adrian estaba ansioso por irse. Los alimentadores lo llamaban, su cuerpo rogando por el cálido, salado sabor de la sangre humana. Luego--un whisky. Si. Eso era lo que él quería después de todo. Pero Jill era una de las pocas - muy pocas - personas con quien últimamente él no estaba enfadado, y él estaba curioso de como ella sabía que era su cumpleaños cuando nadie más lo sabía. Buscando dentro de su bolsillo, él sacó un paquete de cigarrillos y un mechero, esperado que un vicio se llevara el deseo de otro.

A la palabra 'rompe corazones', las pálidas mejillas de Jill se pusieron muy rosas. Se dió cuenta que no debió decir eso. Él no era inconciente. Sabía que Jill mantenía un enamoramiento hacia él desde hace un tiempo, una que él esperaba que ella dejara atrás dado que nada podía resultar de eso. Solo habían unas barreras que Adrian no cruzaría. Chicas de quince años era una de ellas. Él no debió de animarla. Incluso él intentó dejar de  usar su antiguo apodo. Jailbait. Aún asi, coquetear era un hábito inconciente para él y a veces salía a la superficie.

"Tú me lo dijiste," explicó ella. "Tú nos dijiste a un grupo de nosotros. Hace un tiempo en St. Vladimir. Estabamos reunidos un día y yo tenía un libro del horóscopo y estaba buscando el signo de todos. Tú eres un Leo. Extrovertido. Llamativo. Seguro de sí mismo. Arro--"

Ella se mordió el labio repentinamente, y el se rió. "Puedes decirlo. Arrogante. Un bastardo arrogante."

"¡No!" No creo que tú lo eres," ella dijo firmemente, sus ojos agrandándose. "Para nada. Quiero decir, eso solo son un montón de estrellas."

Sus palabras agitaron una combinación extraña de sentimientos en él, ambos buenos y malos. Era bueno verla de esta forma, la forma que ella solía ser: una inocente, tímida chica lista para romper en emociones y palabras. Él había visto muy poco de eso en ella ultimamente. Más renotable aún, él había adivinado quien había estado en ese 'grupo de nosotros', y de todos ellos, solo ella sabía de su cumpleaños. Halagador. Triste.

"Bueno," él le dijo, después de tomar una calada de su cigarrillo, "las estrellas estaban en lo correcto, y tú tambíen. Es mi cumpleaños."

Ella sonrío. "Vas a tener una fiesta?"

Él fue cuidadoso de mantener su expresión exactamente igual, casual e irónica. "Nah, ¿que de especial hay? Todos los días son una fiesta para mi. No tiene sentido en arrastrar personas para una salida."

Tampoco tenía sentido en mencionar que sus amigos probablemente estaban muy preocupados para hacer algo de todas maneras. La tía Tatiana, él pensó. La tía Tatiana me hubiera llevado a cenar. Él supuso que si en verdad quería celebrar podía encontrar cualquier número de 'amigos' - particularmente amigas - que estarían más que contentos en disfrutar de una espontánea fiesta esta noche. Talvez esa no era una tan mala idea - pero ninguna de eso era bueno para la delicada sensibilidad de Jill.

"Además," él agregó con armonía, "Estoy seguro que no podrías llegar. Apuesto a que tienes alguna gran cita esta noche, ¿huh?"

Algo en su rostro cambió, la encaprichada, alegre expresión desapareció un poco. Su actitud nerviosa regresó y Adrian sintió que sus cejas se alzaron. Esto era inesperado.

"¡Tú que tienes una cita!"

Jill sacudió su cabeza lentamente. "No. Eso no...no de ese tipo. Voy a cenar con...con L-Lissa y mi familia."

Por un pequeño momento, Adrian se permitió considerar que podría haber alguien en el mundo de quien su vida estaba más arruinada que la de él. El rostro de Jill era valiente, pero sus ojos la traicionaron. Hace un mes, Jill había estado de vacaciones de verano en la casa de sus padres en Michigan, esperando a moverse a la escuela secundaria en la academia St. Vladimir. Entonces, ella había descubierto su más profundo secreto - el mismo que su madre estaba siendo castigada por ocultar. El padre biológico de Jill era parte de la realeza, parte de la línea de la familia que desaparecía con rapidez. Él había muerto hace años, y solo otro miembro de la familia quedaba ahora. La media-hermana de Jill. Lissa Dragomir. Lissa Dragomir - también conocida como la Reina Vasilisa, la primera en su nombre, la reciente seleccionada gobernadora de los Moroi.

Por curiosidad, Adrian convocó algo de magia que vivía dentro de él para poder ver el aura de Jill, el campo de luz que rodeaba a todos los seres vivientes. La magia vino lentamente, un poco turbia por el maratón de bebidas de anoche, pero esto aún pudo traer el placer y vigorosidad que siempre traía. Todos los Moroi tenían una clase de elemento de magia, con los cuatro básicos siendo los más comunes: fuego, agua, tierra y aire. Solo los pocos 'afortunados' como Adrian poseían el quinto, espíritu, que ofrecía un alcance más alto que cualquier otro elemento. También resultaba que esto llevaba a la demencia.

Resultó que él podía alcanzar un buena proporción del aura de Jill. Su control de espíritu no era del todo bueno hoy día. Ella tenía un registro de color, pero fueron silenciados y estaban parpadeando. Miedo, él dedujo. Inquietud. Nada de lo que no podía leer de su rostro. Sonya Karp, otra persona con poderes del espíritu, hubiera podido decifrar más cosas. Ella continuaba tratando de ayudarlo, pero él tenía poca paciencia para aprender últimamente - o incluso para ella algunas veces. Su aptitud optimista y renovado amor por la vida no se mezclaba muy bien con sus cambios oscuros. Él dejó la magia, y el aura de Jill desapareció de su vista.

"Talvez tu también podrías ir," ella dijo repentinamente. Entusiasmo iluminaba sus rasgos otra vez, aunque estaba medido con precaución. Ella estaba preocupada de traspasar sus límites.

"Entonces tendrías una fiesta de cumpleaños."

Adrian soltó una risa y dejó caer el cigarrillo al suelo, aplastándole con el pie.

"No suena como una fiesta. Suena como una reunión familiar."

"¡Pero otras personas estarán allí!" exclamó Jill. "Y a Lissa no le importará."

No, a Lissa probablemente no le importe, pero las otras palabras de Jill mandaron un alarmante sonido en su cabeza.

"¿Qué otras personas?"

"Bueno, como dije. Lissa. Mis padres. Christian. Ro--"

Una vez más, Jill se detuvo de terminar una palabra peligrosa, pero ya era tarde. Él había oído el nombre en su cabeza y en su corazón, donde lo golpeó como una daga. Rose. Imágenes de ojos oscuros aparecieron a través de su mente, ojos penetrantes y una larga cabellera oscura. Un cuerpo con mucha tensión, hermoso en ambas la figura y el peligro que presentaba. Adrian rebuscó por otro cigarrillo, mirando hacia abajo para que Jill no pudiera ver la absorción de aire de aflicción y enfado que sus ojos estarían mostrando sin duda.

Rose.

Ella estaría donde sea que Lissa estuviera. Y donde sea que Rose estuviera, él también estaría allí. Rose y Dimitri Belikov casi nunca se separaban en la Corte. Adrian se había salido de sus caminos para evitarlos desde que la coronación de Lissa y solo se había encontrado con ellos dos veces. La primera vez, ellos habían estado trabajando de guardias, acompañando a Lissa a una reunion Consejal. Rose y Dimitri se movían casi como una sola entidad, como un par idéntico de lobos o leones, ambos precavidos y mortales mientras estudiaban sus alrededores, no dando por sentado cualquier detalle o a cualquier persona.

La segunda vez Adrian los había visto fuera de sus puestos. Ellos no lo habían notado. Habían estado muy absorvidos el uno con el otro, sentándose afuera en un día soleadol. Ella se había apoyado contra él, alegre en una manera que Adrian nunca había visto - ciertamente no mientras él salía con ella. Ella había dicho algo que había hecho reir a Dimitri, trayendo una sonrisa en los rasgos serios de ese hombre, una sonrisa que Adrian no había pensado que era posible. Adrian aún no sabía cual vista le había molestado más, si la formal o la casual.

Él quería decirle a Jill que él podía nombrar una lista de cientos de cosas que el preferiría hacer en vez que sentarse en una cena donde Rose y Dimitri estaban presentes. "Estar en un coma" y "cortarse el ojo" estaban casi en lo más alto de esa lista. Una cena como esa no era una manera de pasar su cumpleaños. No era algo en lo que gastaría cualquier día. La temprana idea de encontrar a una acompañante mujer esa noche parecía una idea mucho, mucho mejor. Pero primero la sangre. Después la bebida. Dios mío, el si que necesitaba la bebida.

Las palabras estaban en sus labios, la cordial declinación de la oferta de Jill a cenar. Él podía ver en su rostro que ella también se lo esperaba. Pero luego, en un momento extraño de claridad, él se dió cuenta de algo que ella no. Vamos a discutir sobre mi futuro, ella había dicho. No. Él sabía, sin saber cómo lo sabía, que ellos le iban a decir su futuro. Había habido mucha especulación sobre lo que le pasaría a Jill, quién ni siquiera había llegado a ser una princesa por un mes todavía y de quien existencia era todo lo que manteía a Lissa en su trono.

Alguien ya había decidido, él se dió cuenta. El grupo había decidido. O talvez algunos de ellos. Adrian no estaba seguro de las logísticas, pero él perfectamente podía imaginarse la escena de esta noche. Lissa repartiría las noticias en ese modo práctico, regio de ella, mientras que la madre y padrastro de Jill - quien ya habría sido convencido a estas alturas, o sino no estaría reuniéndose - asentirían callados mientras tanto. Y Rose...Rose estaría allí para calmar la tensión como mejor pudiera hacerlo, sonriendo y bromeando, diciéndole a Jill que lo que sea que ellos hallan planeado iba a ser genial y maravilloso.

Jill no podía pelear un grupo como ese. Adrian ni siquiera podía pelear un grupo como ese, pero por razones que no entendía del todo, él decidió que no dejaría que Jill se enfrentara a eso sola. Talvez él aún estaba borracho y no se daba ciuenta.

"¿A qué hora es la cena?" Él preguntó. Jill estaba asombrada de oír sus palabras como él estaba de decirlas. Tartamudeando, ella le dió la hora y el lugar, y prometió estar allí. Ella lo dejó allí, su cara radiante,y el se preguntó en qué se acababa de meter. Dió un resoplo y se marchó ¿Que era otra decisión estúpida en una vida llena de estas? Él iría a la cena. Ayudaría a Jill siendo él más miserable de lo que ella ya era.

Pero primero - la sangre. Luego la bebida. Y probablemente otra bebida.


Gracias a VA en español por la noticia
y a VA facebook por la traducción.

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